ADWEB Solutions e-Marketing
Página Principal Empresas Familiares El buen oyente siempre aprende

El buen oyente siempre aprende

el buen oyente

Por: Sergio Valdivia
www.serfeliz.net

El buen oyente es un ser humano libre, es decir, liberado de sus prejuicios y supuestos que deforman, reducen a esquema y ridiculizan el pensamiento.


El buen oyente tiene tan abierta la mente como los oídos. Se le conoce en una reunión porque deja hablar a sus interlocutores, sin que esto signifique estar siempre de acuerdo con ellos: sabe que no se puede tener razón en todo y que los demás tienen muchas cosas que enseñarle. Por esta razón, cuando asiste a una conferencia, siempre son apreciadas sus intervenciones, pues no se desprende de ellas el menor rastro de agresividad.


Esta libertad es el signo de una gran madurez intelectual y afectiva. Sólo la madurez intelectual sabe aceptar las ideas de los demás con sus contradicciones, sus exageraciones y sus prejuicios: se escucha incluso aunque no se vaya a sacar de ello un provecho inmediato: es el científico que sigue con atención una exposición literaria, el pintor que escucha con agrado un concierto. Aunque la ultra especialización de nuestro siglo no favorece ese estado de espíritu.

Por su parte, la madurez afectiva ayuda a distinguir entre lo esencial y superficial, a no caer en la trampa de la idea preconcebida ni del juicio demasiado rápido. El buen oyente no juzga a quien escucha únicamente por la forma: sabe distinguir la improvisación del discurso fabricado y sabe apreciar a quien tiene cosas que decir, a pesar de sus grandes dificultades de expresión. El orador que tartamudea o comete faltas de dicción puede, a pesar de todo, resultar interesante de escuchar, aunque parezca menos brillante.


Creo que sé por qué me es agradable escuchar a alguien. Cuando llego a comprender realmente a otro, esto me pone en contacto con él. Esto enriquece mi vida. Escuchando a la gente es como he aprendido todo cuanto sé sobre las personas, sobre la personalidad, sobre la psicoterapia y sobre las relaciones interpersonales (...). Cuando digo que experimento el gozo de escuchar a alguien, se trata, por supuesto, de una escucha en profundidad. Quiero decir que escucho las palabras, los pensamientos, la entonación, el sentido con que lo dice la persona, y hasta la significación que se encuentra más allá de la intención consciente del que habla.
También a veces, dentro de un mensaje que aparentemente no es importante, oigo un grito humano profundo, un ?grito silencioso? que se encuentra huido, ignoto, muy por debajo de la capa superficial de la persona?. (Carl Rogers en ?Libertad para aprender?).


Escuchar a los demás requiere tiempo. Ciertamente, la vida moderna no favorece el escuchar. Hostigados por las preocupaciones, el ruido, el exceso de trabajo, en muy contadas ocasiones podemos escuchar verdaderamente. Por ello, es preciso organizarse para que logremos encontrar algo de tiempo para escuchar. Jamás es tiempo perdido, pues se gana en calor humano lo que se pierde en ?productividad?.

La atención
La audición activa requiere también unas cualidades físicas. Nuestra capacidad de atención es limitada. No podemos leer durante demasiado tiempo. Del mismo modo, un orador debería tener en cuenta esta capacidad limitada de atención.
La percepción de un mensaje consiste en identificar los sonidos (las palabras) que son vehículo de ese mensaje y en compararlas con la ?lista de referencia? de las palabras que figuran en nuestra memoria. Es conveniente aumentar nuestro vocabulario, interesándonos por toda palabra que nos resulte desconocida. Sin embargo, poseer un repertorio muy vasto no es suficiente para escuchar de forma eficaz; es preciso además que no exista confusión en el momento de la identificación.

SUGERENCIAS
Fuerza tu oído. El oído requiere entrenamiento De vez en cuando oblígate a escuchar la radio o la televisión poniendo el sonido lo más bajo posible, al límite de la percepción.


Mide tu memoria. Tras haber escuchado una entrevista, un discurso o una conferencia, esfuérzate por anotar las ideas expuestas, en el mismo orden que han sido desarrolladas. Podrás comprobar la débil capacidad de nuestra memoria auditiva. Realiza el mismo ejercicio después de haber leído un texto. Generalmente los logros serán mejores.
Aprende del otro. Busca conversación con alguien cuya actividad desconoces y pídele que te lo explique en pocas palabras. Generalmente la persona estará feliz de hacerlo pues tú le demuestras interés. Pregunta todo lo que no entiendas hasta conseguir darte una idea de lo que hace.


No interrumpas. Escucha con atención a las otras personas y deja que sean ellas las que más hablen. Se aprende escuchando y no hablando. Permite que terminen sus frases y luego interviene haciendo comentarios sobre lo que comprendiste y preguntando lo que no entendiste.


Analiza una conferencia. Graba un informe o una conferencia y fíjate, a medida que lo escuchas, en las palabras que te parecen indispensables para la comprensión del texto (palabras clave). Podrás comprobar el elevado número de palabras superfluas utilizadas en el razonamiento oral.


Lee los labios. Diviértete cortando el sonido de tu receptor de televisión y trata de adivinar lo que dicen los personajes, de acuerdo con su mímica y el movimiento de sus labios. Te sorprenderás de ver cuán importantes son las actitudes, mímica y gestos, de quienes hablan para la comprensión de lo que dicen.

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario

busy