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Circ. Agustín Yáñez No. 2692

Analistas y Consultores Financieros
La gente admira la humildad y detesta a los brabucones.
 
 
Cuando estás en una posición de liderazgo, es indispensable contar con el respeto de las personas que trabajan en tu equipo. Sin embargo, éste no se da de manera gratuita, hay que ganárselo a pulso. Además, puede que tu equipo admire tu inteligencia, tus hábitos laborales y hasta tu capacidad para lograr acuerdos, pero el verdadero respeto es mucho más que eso.
 
Si puedes ganarte su admiración como persona, entonces habrás ganado. Aquí hay algunos tips para lograrlo.
 
1. Sé amable
 
Debes tratar de ser educado con todas las personas que encuentres en tu día, desde tu pareja e hijos, pasando por tus colegas hasta llegar a la cajera de la tienda de conveniencia. Ya sé, es más fácil decirlo que hacerlo, especialmente cuando tienes un mal día. Pero recuerda que si tú quieres que te traten con respeto, los demás también. Dale a otras la misma cordialidad que te gustaría recibir. Asegúrate de que tus acciones siempre sean educadas. Abre la puerta para la persona que venga detrás de ti, deja pasar al adulto mayor en la fila del supermercado, sonríe siempre y da las gracias en cada ocasión.
 
2. Actúa respetuosamente
 
Suena obvio, pero para muchas personas no lo es. Elimina las conductas groseras como hacer gestos con los ojos a la espalda de otros, poner más atención a tu celular cuando hablas con alguien, etcétera. Estas acciones no solo son irrespetuosas en el momento, evitan que la gente se vuelva a acercar a ti. Mejor genera una zona de escucha cordial alrededor tuyo. Todos merecemos ser escuchados, aun cuando no estemos de acuerdo en todos los temas.
Considera cómo te gusta que te traten cuando tienes algo que decir.
 
3. ESCUCHA bien
 
Escuchar no es lo mismo que oír. Escuchar es un proceso activo que requiere “poner en pausa” nuestras propias opiniones para poder entender lo que la otra persona quiere expresar. Muchas veces lo que tu interlocutor te dice “disparará” pensamientos en tu cabeza que te harán querer compartir tu experiencia. En lugar de contar tu historia, haz preguntas que lleven a la otra persona a decirte más. Cuando desarrollas buenas habilidades de escucha, haces que los demás se sientan importantes y validados.
 
4. Sé útil 
 
Las personas se ganan el respeto de otras cuando las ayudan o escuchan en momentos de necesidad. Busca oportunidades para apoyar a otros sin la necesidad de que te lo pidan primero. Descubre cuántas veces puedes ser útil en un día.
 
5. No hagas excusas
 
Tus acciones están basadas en tus elecciones, y a menos que se dé una circunstancia extraordinaria, no hay excusa que valga. Sé dueño de tus acciones. Si llegaste tarde, probablemente fue porque no manejaste tu tiempo correctamente. Si no acabaste un trabajo, tal vez fue porque no te concentraste lo necesario. Acepta tus errores y en lugar de torturarte con ellos, busca oportunidades para demostrar que aprendiste de ellos.
 
6. Deja ir la rabia 
 
Aferrarte a un resentimiento solo te lastima a ti. Permítete enojarte momentáneamente y luego avanza para rectificar la situación o dejarla atrás. No ayuda “clavarte” en un problema; el estrés puede generarte ansiedad y hasta problemas de salud. Nadie es perfecto y todos nos equivocamos de vez en cuando. Dale a los demás, pero en especial a ti mismo, el tiempo necesario para recuperarse de un mal momento y reenfocar la energía. Perdona Y olvida.
 
7. Mantente abierto al cambio 
 
Ser necio sin sentido no te llevará a ningún lado. Date cuenta que todo proceso de evolución incluye un cambio. Haz un esfuerzo para crecer como persona, de aprender nuevas habilidades y modificar algunas de tus respuestas automáticas. Y por supuesto, no olvides reconocer cuando hayas hecho un progreso.
Es momento de hacer un cambio de mentalidad; salir de nuestra zona de confort y obtener las herramientas necesarias para construir nuestro camino.
 
 
A decir verdad, gran parte de la educación que recibimos a lo largo de nuestra vida se basa en estudiar mucho para conseguir un buen trabajo, cuyas prestaciones nos aseguren una jubilación que nos permita vivir nuestros últimos días con tranquilidad.
 
No obstante, una de las principales lecciones que se pueden aprender de los libros del escritor y asesor de negocios Robert Kiyosaki es que es necesario realizar un cambio de mentalidad; es decir, sacar al lector de su zona de confort y darle las herramientas necesarias para que se convierta en un emprendedor, es decir, en constructor de su propio camino.
 
Efectivamente, si queremos acceder a un sistema de seguridad social, de pensiones o afore, tenemos que conformarnos con trabajar toda nuestra vida para alguien más, para el proyecto de otra persona que tendrá un alcance muy limitado en nuestra vida. En muchos casos, estos trabajos ."de por vida" generan una frustración en los empleados, que se sienten sin alas
 
Por si fuera poco, las pensiones y afores no se encuentran del todo estables: hemos visto casos como la crisis de Grecia en los últimos años, así como la de Argentina a finales del siglo XX, en donde las pensiones fueron golpeadas por los errores financieros cometidos desde la clase política. Es por ello que si estás pensando en que tu trabajo y tus aportaciones de seguridad social son una seguridad para tu futuro, estás en un error.
 
Ante esta incertidumbre de conseguir un buen trabajo o ser un emprendedor, me permito poner a tu consideración algunos puntos clave que puedes meditar para saber cuál es el camino que se acopla mejor a tu carácter y a tu actitud.
 
Seguridad
 
No cabe duda de que existen empresas con excelentes prestaciones que te permiten tener una seguridad salarial, esa remuneración económica que sabes que recibirás en un momento determinado sin importar si trabajaste mucho o no, si hubo buenas ventas, o si fuiste el empleado del mes o uno más dentro de la empresa.
 
Esta condición es la que se suele buscar sobre todo cuando se terminan los estudios universitarios, cuando los jóvenes buscan una estabilidad que les proporcione un punto de apoyo para crear sus proyectos. Es bueno tomar experiencia trabajando dentro de los esquemas empresariales, pero hay que tener cuidado si esto nos impide seguir creciendo.
 
Aventura
 
Este es uno de los elementos característicos del emprendedor. Debes estar consciente de que cuando decidas entrar en este camino pasarás por momentos de incertidumbre, momentos que te pueden desanimar y hacerte claudicar de tus sueños y proyectos. Por ello, la carrera del emprendedor es más de resistencia que de velocidad y, sobre todo, de tener metas fijas acerca de lo que quieres lograr. La aventura y la incertidumbre son las dos palabras que más asustan a los jóvenes y por lo cual deciden buscar opciones que les otorguen mayor seguridad.
 
Proyecto
 
Decía Catherine Cook, cofundadora de MyYearbook, hoy día convertido en MeetMe: “Para cualquier emprendedor: si quieres hacerlo, hazlo ahora. Si no lo haces, te vas a arrepentir”. Estas son palabras que nos hacen reflexionar acerca de una cualidad importante en el emprendedor: la capacidad de decisión.
 
Esa decisión se manifiesta desde el momento en que decides comenzar tu proyecto. Uno de los beneficios de elegir este camino radica en ser tu propio patrón, en que nadie más que tú pone las reglas y sobre todo los límites de tu proyecto.
 
Conocer tus límites
 
Todo emprendedor debe conocer su capacidad para resolver problemas. En la primera etapa te darás cuenta si estás listo o no para el mundo de los negocios; en cambio, cuando cuentas con un empleo dentro de alguna empresa estás sometido a diversos límites, ya sea por tu departamento, por el tipo de trabajo que realizas e incluso por las afinidades que tengas con tus compañeros de trabajo.
Aunque actualmente existen tendencias dentro de algunas empresas acerca de fomentar la creatividad de sus empleados, estás dentro de un esquema que no fue establecido por ti y por ello tienes que acoplarte… aunque no estés del todo de acuerdo.
 
Espero haberte creado conciencia acerca de la importancia de atreverte a ser emprendedor, sobre todo en la economía globalizada del siglo XXI. En los últimos años hemos visto cómo diversas economías tanto de primer mundo como en vías de desarrollo se tambalean y generan incertidumbre, llegando al extremo de modificar los sistemas de seguridad social y pensiones.
 
Por ello te invito a pensar en la posibilidad de tomar un camino distinto, que aunque no es más fácil, sin duda te hará crecer como profesionista.
La clave para invertir bien es educarnos para ello: entender los negocios, la sociedad, las finanzas, el mundo.
 
 
Hace unos días me impacienté en una reunión con otros economistas (no diré nombres por el cariño que les tengo). La discusión que tuvimos es muy importante para cambiar el orden de México en la escala de los países.  
 
El que se enoja pierde. Perdí. Uno de mis colegas decía: “la calidad de las inversiones es un lujo de los tigres asiáticos. México necesita más inversión y punto. No debemos preocuparnos por la rentabilidad, sí por el monto invertido”. Pero si todos los mexicanos invertimos en negocios en donde se pierde dinero, la economía no crecerá. Si perdemos dinero en nuestras inversiones, habrá menos recursos disponibles al año siguiente para consumir, ahorrar e invertir nuevamente. 
 
¿En qué invertimos los mexicanos? Según cifras del Inegi, cada vez destinamos menos recursos a construir. Buena noticia. En 1994 la construcción residencial era 37 por ciento de la inversión fija total, y para 2014 era 27 por ciento. La construcción no residencial ha disminuido también, pero no tanto. Ello quiere decir que estamos invirtiendo más en bodegas y edificios que en casas.
 
Según la OCDE, los estadounidenses invierten en vivienda el 14.7 por ciento de la inversión fija bruta total. Antes de la crisis de 2008, esa cifra era mucho mayor: llegó a casi 29 por ciento en 2006, un 6.6 por ciento del PIB. Es bonito invertir en nuestras casas, pero es poco rentable y no aporta a la productividad de la economía. 
 
En cambio, la adquisición de maquinaria y equipo ha crecido en el país. En 1994 (antes de la crisis) representó el 25 por ciento de la inversión total, y hoy el 38 por ciento. En Estados Unidos, esa cifra es de alrededor del 32 por ciento. Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la economía local obtuvo dinamismo de los sectores manufactureros, mientras que en el país vecino de los servicios. Invertir en maquinaria y equipo es exactamente lo que tenemos que hacer.
 
También invertimos en educación y salud. En educación pública, el gobierno de México gastó 5.2 por ciento del PIB en 2011 y el de Estados Unidos lo mismo. Si vemos el PIB de los servicios educativos en México (privados, principalmente), nos damos cuenta de que los recursos que le dedicamos a este rubro se mantienen relativamente constantes desde 2008. 
 
En salud, es difícil tener números comparables. En 2007, la suma del gasto público y privado de los estadounidenses era de 15.2 por ciento del PIB, y nosotros gastábamos apenas 5.8. En México, por cada $100 destinados a salud de manera privada en 2008, hoy invertimos $89. Nuestra gente no sale mejor educada ni más sana después de la intervención del Estado. 
 
El secreto para invertir bien es educarnos para ello: entender los negocios, el capitalismo, la sociedad, las finanzas, las computadoras, el mundo, y luego vivir para contar y explotar ese conocimiento. Tenemos que convencer a las familias de que hay que invertir en buenos negocios. Quizás el mejor negocio es la salud y educación de cada uno de los miembros de la familia. No necesariamente hay que mandarlos al postdoctorado: con inglés, ciencias, matemáticas, programación de computadoras y ética, es suficiente. Todo lo demás lo podrán aprender en el camino. 
 
Tenemos que invertir en negocios donde el cliente pague el precio con gusto, el inversionista siga invirtiendo, el gobierno no tenga problema con nuestra operación y los trabajadores estén contentos. De esa manera, crearemos valor para todos. 
Te decimos la razón por la que 60 minutos pueden hacer de tu día más productivo.
 
 
Definitivamente Ben Franklin tenía razón cuando aseguró: “Si un hombre se va a dormir temprano y madruga al día siguiente se volverá sano, rico y sabio”. Aunque realmente saco la idea de Aristóteles cuando afirmó: “Si despiertas antes del amanecer contribuirás en tu salud, riqueza y sabiduría”. Sea como sea,
ambos tienen razón, ¿no lo crees?
 
Incluso proverbios como “El pájaro mañanero es quien obtendrá el gusano” sugieren que despertarte temprano te hará más productivo, aunque ¡ojo! el solo hecho de pararte antes no quiere decir que automáticamente obtendrás la energía que necesitas.
 
Lo que sí es un hecho es que son los rituales mañaneros los que harán la diferencia. Aquí algunos tips para empezar tus mañanas con el pie derecho.
 

1. Amanece temprano

Párate una hora antes de lo que acostumbras. Sí, disfruta tu café, lee algo que te inspire (o eduque) y después piensa en todo lo que tienes que hacer.
 
Tómate un momento para planear tu día. Ordena tus tareas por prioridades y empieza por las más difíciles de hacer ya que en la mañana es cuando tienes más energía.
 

2. Ejercítate

Los ejercicios matutinos estimulan el cuerpo y la mente produciendo endorfinas, mismas que activan el cerebro.
Si quieres conquistar el día tienes que estar saludable por dentro y fuera, además, el ejercicio diario reduce el estrés.
 
Military.com recomienda hacer 15 minutos de ejercicio incluyendo, saltos, sentadillas, abdominales y cardio. Si de plano sientes que el gimnasio no es para ti, intenta salir a caminar aunque sea 20 minutos.
 

3. Medita

Hacerlo no solo tranquilizará tu mente, también le brindará paz y claridad a tu ser dejando entrar la creatividad.
Date un regalo de 15 minutos en un ambiente tranquilo y solo “déjate llevar”.
 
Si no tienes tiempo de hacerlo, empieza por tu lista de agradecimiento. ¿Cómo? Antes de poner un pie fuera de la cama visualiza tres cosas por las que estás agradecido. Repítelo diariamente y procura que éstas sean distintas.
 
Arma tu rutina matinal e intenta ejercerla diario. ¡No te arrepentirás!
No fijar metas claras y tratar de manejar todo, son errores muy comunes. ¿Has cometido alguno de ellos?
 
Si bien “equivocarse es de humanos”, cuando encabezas un equipo es importante aprender a cómo evitar algunos de los errores más comunes que podrían hacer que perdieras el respeto de tus colaboradores e incluso, podrían afectar tu productividad. A continuación, descubre cómo evitar cuatro de los pecados del liderazgo más comunes.
 
1. No dar feedback a tus colaboradores
 
Convierte en un hábito tener retroalimentación de forma regular. Recuerda que esto no siempre tiene que ser algo negativo, también puede ser positivo; es decir, no se trata de un regaño, sino de un intercambio de perspectivas y análisis sobre diversas situaciones. Hazle saber a los miembros de tu equipo cuando están haciendo algo bien, y corrígelos (o aconséjalos) cuando haya oportunidad de mejorar.
 
2. No “estar ahí” para tu equipo
 
Como líder, es natural que tengas demasiadas cosas en mente. Es comprensible cómo puedes verte tan involucrado en todo, de tal manera que pareciera que no tienes tiempo para nada más. Pero independientemente de cuántas cosas tengas en tu agenda, reserva tiempo para tus colaboradores a fin de brindarles la orientación y el apoyo que necesitan para alcanzar sus metas. Ojo: mantener la puerta abierta asegura que la gente sepa que siempre estarás ahí para ellos.
 
3. No definir metas
 
Sin objetivos claros, tu equipo se alejará cada vez más de la posibilidad de alcanzar una productividad óptima. Como resultado, los proyectos no se completarán a tiempo. Mientras que tú, como líder efectivo, no puedes confiar en que ellos solos fijen sus propias metas. Es necesario contar con una dirección clara, de lo contrario, el barco navegará sin timón y sin rumbo. Por lo que hay que establecer objetivos, de tal manera que todos sepan hacia dónde se dirigen. Reúnete con ellos regularmente para evaluar el progreso y asegurarte de que todo el mundo sepa en qué parte se encuentra en el proceso de alcanzar las metas.
 
4. Fallar en delegar
 
¿Padeces del complejo de Superman? Si es así, no estás solo. Muchos líderes tratan de manejar todo (ellos solos) y fallan en delegar tareas a otros. Esto puede resultar en problemas tremendos conforme el trabajo comienza a llegar a un cuello de botella y los líderes están agotados. Aunque en principio puede ser difícil confiar en otros y delegar, es esencial que hagas el esfuerzo. En consecuencia, desarrollar tu equipo es uno de los pasos fundamentales que puedes dar para asegurar un éxito general, al mismo tiempo que mitigas algunas de tus propias presiones.
 
 
 
 
 
 
 
 

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